De mis errores y limitaciones
Estos días pensaba que con mi trabajo nuevo había tocado nuevamente el punto en donde me siento pleno desde el punto de vista laboral ( y no tiene nada que ver con las atractivas secretarias de largas piernas, como algún mal pensado pueda imaginar). En los 21 años de carrera, desde que terminé la universidad a fines de 1990, sólo 2 veces toqué ese punto: en el 2000 y ahora en el 2012. Y con “pleno” me refiero a esa sensación que aparece muy de tanto en tanto que nos hace creer que estamos utilizando una porción importante del conocimiento que tenemos, que todo lo que hacemos produce algun cambio, y que nuestros superiores no son obstáculos sino facilitadores. La mayoría de las veces, la mayor parte del tiempo, alguna de esas cosas falla: o lo que hacemos es simple y rutinario, se hace de taquito y requiere una porción mínima del cerebro, y una porción irrisoria de muchísimos años de conocimiento acumulado; o no tiene sentido hacer más o poner más energía porque esa energía marginal no se trasladara en ningún cambio significante; o se tiene un jefe que es mediocre, sabe menos, no tiene poder, no tiene interés, es no ético o una tiene una combinación de esas bondades.
Y si bien toqué dos veces ese punto, fue ésta vez la única vez que lo toqué “entendiendo” completamente la corporación. Y con entendimiento me refiero a comprender y manejar todas las dimensiones de la vida corporativa.
Y realmente llegué hasta esto punto recorriendo una larga secuencia de errores, aprendizajes y correcciones.
Comencé mi carrera siendo un técnico y nada más que un técnico, pero bastante bueno creo. Las matemáticas, la lógica, la tecnología, la física y todas las ciencias duras son suficientes para explicar todo, para darnos la razón en todo, y para producir los resultados que se necesitan para cualquier cosa. No es cierto?
Ahí apareció el primer golpe. Por alguna razón algunos productos técnicamente asombrosos, no producían interés comercial. Algo había ahí que no entendía, así que decidí hacer algo al respecto. En paralelo con el trabajo, volví a los estudios superintesivos y después de algunos años de estudiar todas las noches, completé mi master en administración de negocios y economía.
Aproveché ese salto de conocimiento y me moví de ser técnico a ser gerente de equipos técnicos, y a estar cerca de la parte de negocios. Anduvo bien por un tiempo, pero me encontré con otro problema fundamental. Por alguna razón la lógica técnica y la lógica de negocios no funcionaba con algunas personas y en algunas esferas. Y este descubrimiento fue a base de estrellarme con muchas paredes. Y ahí descubrí que existía la política corporativa. A cierto nivel las cosas no necesariamente dependen de elementos que se pueden ver y discutir, sino que dependen de cosas mucho más sutiles, subyacentes y no expresadas, y de intereses guardados celosamente, incluso hasta en el subconsciente en algunas ocasiones. Hay una lógica política que sobre-escribe la lógica de negocios y lógica técnica.
Ahí decidí volver a la escuela otra vez. Hice un posgrado bastante completo en negociación, yendo hasta las bases antropológicas de la cuestión. Estudie estrategia militar para entender como descomponer y componer todos los posibles escenarios basados en la deducción de los intereses no confesados de la contraparte, y de ahí definir los planes de acción para concluir en una victoria. En todos estos años también logre contagiarme algo de Patricia para hacer mi lectura “psicológica” de la realidad y de las personas.
Y salí a la cancha de nuevo con un arsenal super poderoso de herramientas en tres dimensiones: técnico, negocios y político. Era imposible fallar, pensé. Pero de nuevo me di los peores golpes posibles. Por este entonces ya estaba en Australia, y entré a jugar en política sin conocer muy bien las reglas de la cultura local: grave error. Ahí se apiadaron de mí y me mandaron a la escuela de nuevo. En realidad me pusieron un mentor para que me ayudara a pulir mis brusquedades culturales. Y pulí mi enfoque cultural y pulí mi lenguaje, ya que el inglés australiano es muchísimo más relajado, lleno de verbos potenciales y suplica en cada frase, mucho más tierno que lo que se obtiene de una traducción literal del argentino al inglés, que a los oídos australianos es bestial y agresivo.
Otra vez a la cancha, en el mismo lugar, con mayor refinamiento. Pero no funcionó. Cuando quité el tema cultural del medio, me di cuenta además que todas las relaciones profesionales que había creado siempre habían sido con fines transaccionales y no tenían demasiados componentes emocionales (dicho de otra forma, cuando me reunía con alguien, mi único interés era en resolver el problema en cuestión, sin el mínimo interés en la persona que tenía enfrente, de la cual me olvidaba al instante siguiente). Aun con el refinamiento cultural, la conexión era muy complicada sino imposible. Y fue remar en contra la corriente con mucho esfuerzo. Y tuve otra lección aprendida, que para la mitad del mundo es obvia pero para la otra mitad no: no subestimar el componente humano.
Y ahora tuve la oportunidad de empezar de nuevo, en un nuevo lugar, y con toda mi carga de lecciones aprendidas, y con una página en blanco para empezar a dibujar nuevamente. Mi pinceladas ya son muy distintas de las de 20 años atrás, pero ciertamente sustancialmente distintas a las de 5 años atrás también.
Mi primera prioridad fue la conexión humana focalizada en el más alto nivel, pero también en todo los demás niveles incluso con aquellos a los que tengo que sacrificar. En lo cultural me quedé con un mix Austro-latino que me da ventajas increíbles. Lo siguiente fue leer y tomar posición en el tablero político. Con todo eso bajo control, exactamente al revés del orden que siempre seguí, puedo utilizar sin la menor resistencia mi arsenal de lógica de negocios y técnica, y todo marcha a las mil maravillas.
Fue mi camino de aprendizaje el más eficiente? Seguramente no, pero fue el único posible para mí. Soy naturalmente introvertido, reflexivo, y conecto mejor con las ideas que con las personas. Me lleno con un proceso de reflexión o con una lectura pero no con una charla. La gente y sus cosas, en general, me matan del aburrimiento y me agotan. Además de siendo de fondo muy sensible, no dejo a casi nadie atravesar mis corazas emocionales, y siempre tomo distancia. Dicho de otra manera, mi biblioteca está llena de libros de ciencia y ciencia ficción, ni una sola novela o drama.
Otra gente empieza naturalmente por el lado humano, y tiene un camino completamente distinto, pero es muy dificil encontrar en esos casos, buenos cerebros para las ciencias duras.
Pero independiente del enfoque de cada persona, yo nunca jamás hubiera empezado por otro lado que por lo técnico, que es en el fondo lo único que me atrae, me motiva y me entusiasma hacer desde el punto de vista laboral. Todo lo demás, todas los desarrollos posteriores, fueron las construcciones necesarias para hacer posible lo que me interesa a una escala importante.
En fin, demasiadas limitaciones y demasiados errores.
Espero después de 21 años haber aprendido…




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