19 diciembre 2008

El cuarto año

Ayer fue el último día de obligaciones para los chicos y para mi. Ellos terminaron la escuela, que no recomenzarán hasta la primera semana de Febrero; y yo cerré mi año laboral (estoy de vacaciones) regresando al trabajo el 20 de Enero. Patricia es la única que continúa trabajando durantes las 2 breves semanas de fiestas; pero ella entra en vacaciones a fin de año regresando al trabajo el 27 de Enero.

Llegamos al fin de un año que introdujo una rutina completamente nueva. Micaela estudiando en la secundaria, los chiquitos no yendo a childcare por las tardes, alguno de los dos adultos saliendo temprano todos los días (para llegar a la salida de la escuela), y los chicos con 11 actividades semanales además de las escolares. Y llegamos a fin de año con todo funcionando perfectamente aceitado, más allá del desafío logístico, pero con una gran necesidad de descanso.

También se dió que esta semana, más especificamente el 16, cumplimos el cuarto aniversario de la llegada a Australia.

Con cada año cumplido aquí, siempre intento hacer algún balance. Hasta ahora el balance, desde el punto de vista personal, y considerando nuestras circunstancias, siempre ha sido positivo. Y siempre he analizado los pros y las contras de la decisión y de la situación, y he dado mi visión de como la balanza siempre ha caído para el lado de los beneficios.

Este año no tengo que racionalizar e ir profundo en el detalle para dar el balance, ya que el mismo es demasiado evidente. La brecha entre los dos países se ha ampliado visiblemente y no es difícil entender que se continuará ampliando drásticamente. Y no es necesariamente porque Australia este haciendo las cosas maravillosamente. Es porque Argentina hace todo absolutamente al revés, y se desploma en todos y cada uno de los factores por los que un país puede ser juzgado a la hora de entender cual será el futuro bienestar de su población. Es una pena.

Pero por otro lado, en estos momentos en que estoy relajado, sin todas esas motivaciones que me llevaron a tomar esa gran decisión años atrás, pienso en el riesgo y el esfuerzo que asumí con la emigración, y evaluado desde hoy me parece una real locura.

Abandoné una vida estable, confortable y una posición laboral muy buena con un sueldo muy alto. Puse mi casa en venta, cargué todas mis pertenencias en un barco y a mi familia en un avión; y llegamos a un lugar en el que nunca había estado antes. Llegué a una realidad sin trabajo y sin relaciones laborales, a medio camino con el nuevo idioma, sin vivienda y con un costo de vida casi el triple que en Argentina, a empezar de nuevo.

Un amigo portugués, cuando le comuniqué la noticia hace cuatro años, me dijo: "Com a esposa e 3 filhos esta foi uma decisão de coragem ou de loucura, mas como disseste o tempo o dirá. Agora é correr para frente, penso eu." En ese momento no entendí porque el pensaba así. O mejor dicho me dije: "por qué me habla de locura, si locura sería no hacerlo?". Pero ahora, en calma, si presión, ni esa angustiante motivación que me empujó, estoy mas cerca de juzgar esa decisión como él lo hizo. Afortunadamente la necesidad interna mezclada con adrenalina proveyeron la fuerza extra.


Así que hoy, para aprovechar el primer día de vacaciones y celebrar este nuevo aniversario, con los chicos nos fuimos pasear por la city.





Miramos las vidrieras navideñas....


visitamos a Patricia en su oficina ...



fuimos a comer comida rápida, como a ellos les gusta ...



... y de paso, como un juego, intentamos repetir algunas de las fotos que sacamos 4 años atrás. Ellos llegaron con 8, 4 y 3; y las repetimos con 12, 8 y 7. Acá esta el resultado:










Y también se cumplen 6 años desde que empezamos a preparar el proceso migratorio, al final del 2002, para el momento de la siguiente foto, cuando los chicos tenían 6, 2 y 1.


15 diciembre 2008

En Barcelona



Llegué a Barcelona un sábado por la noche, con la expectativa del domingo libre antes de 2 días de trabajo.


Al llegar al hotel, que me recibieran con un dulce "buenas noches" en puro español fue una delicia para los oídos.



La verdad es que habiendo llegado desde Helsinki, el impacto recibido al ver Barcelona fue notable. Es realmente una ciudad hermosa, con el corazón bien latino.

Lo primero fue salir después de las 9 de la noche, en cuanto llegué, y encontrar las calles inundadas de gente; y los restaurantes y los negocios abiertos. Fue un agradable reencuentro con viejas costumbres.

También podía entender el ruido de fondo. En Australia, en inglés, el ruido de fondo es nada más que eso, ruido de fondo. En cambio, aquí podía escuchar acá y allá innumerables conversaciones en paralelo que podía entender claramente sin ningún esfuerzo.

También me encontré, debo confesarlo, con una vieja costumbre de la cual me desacostumbré: gente durmiendo en el piso, suciedad en las calles, y decenas de vendedores ambulantes ilegales y prostitutas ejerciendo presión sobre los transeúntes a fin de hacerse de algún dinero.





Al día siguiente, salí de mi hotel bien temprano y me dirigí hacia el centro a comprar un pasaje en el hop-on hop-off bus, que me permitiera hacer un primer recorrido para ver toda la ciudad rápidamente, para luego profundizar donde me interesara. Luego lo usaría también de noche y al día siguiente.








La variedad presentada a la vista era impresionante. La mezcla arquitectónica gótica, clásica y modernista es fabulosa.








Ciertamente la obra de Gaudi es imperdible, y la Sagrada Familia es para caerse de espaldas.




Crucé la ciudad a vuelo de pájaro en teleféricos. Primero sobre el mar








y luego en otro sobre MontJuic, el monte anexo a la ciudad.





Recorrí las instalaciones olímpicas...




... palacios conteniendo museos de arte




... espectáculos en el castillo ...





... los mercados ...



... y obviamente las ramblas y paseos costeros.





Luego fueron dos días de trabajo con una organización local, en donde pude interactuar con un grupo de gente muy simpática, en donde los códigos eran comunes a diferencia de reuniones en cualquier otro lado del mundo.



Y por supuesto disfruté de los famosos almuerzos españoles de más de 2 horas.




Tuve oportunidad de compartir todos sus temas y preocupaciones: la crisis económica, la inmigración, sus estilos de vida, el futbol (obviamente) con el Barca y Messi, y hasta la próxima (en ese momento) final de Copa Davis entre Argentina y España.
Orgullosos de sus bases catalanas, manteniendo su lenguaje propio y resaltando la rivalidad con otras regiones, los catalanes me cautivaron con esa férrea defensa de su regionalismo, tan romántica como cortoplacista. Lo discutí con ellos: las agresivas corrientes migratorias integracionales dentro de Europa y de España en particular, barreran en cuestión de generaciones con dialectos locales, más aún cuando en muy pocas décadas el castellano domine sobre el inglés, aun en USA. Pero es noble el intento mientas dure.
En Barcelona sentí algo que en muy pocos lugares me pasa, y en particular fue en el único lugar que me paso durante el viaje a Europa. En Barcelona me dije: "aquí podría vivir perfectamente". Cuando se lo dije a la gente de la empresa que estuve visitando me dijeron inmediatamente: "pues vente para aquí que enseguida te hacemos un lugar"

Durante toda mi estadía no perdí oportunidad y me deleité con paellas, tapas, sangría y muy buenos helados italianos ( al fin !! )



Y referido a lo culinario, por encargo de Patricia, dado que en Australia es muy caro, compré azafrán en polvo como para hacer paellas en casa hasta el 2030.

La selección de fotos de Barcelona estará en el siguiente hipervínculo:

Finalmente, el martes por la noche, terminé de escribir mis reportes, contesté algunos emails del trabajo, y ya preparé mi valija para a la mañana siguiente salir muy temprano hacia París, para así formalmente comenzar mis vacaciones