25 febrero 2009

En Roma

Este es el capítulo 6 de los 8 pertenecientes a Aventuras en Europa


La llegada a Roma, un viernes por la noche, empezó a darme indicaciones de que con mi arribo al país de mis bisabuelos, después de lo ya recorrido de Europa, estaba llegando a un estadio más primitivo de civilización. Si bien sentí París mucho más insegura, la ausencia de respeto y la sacada de ventaja a costa de otro como instinto primario, en Roma estaba no demasiado lejos de la de Argentina.

Ya abordando el transfer y el avión en París, los italianos empujaban, gritaban y se colaban en la fila, llevándose por delante a quien se interpusiera.

Desde el aeropuerto de Roma me tomé un transfer; y cuando llegué finalmente a la estación Termini (terminal de tren y omnibus), ya pasada la media noche, no había ningún taxi que me pudiera acercar a mi hotel, así que me puse a esperar. De repente se me aparecen dos sujetos. Uno de ellos, con bigotito y peluquín que cumplía el rol de gestor – el otro era el taxista , se me acerca y me ofrece un taxi. Viendo que ningún taxi aparecía en la parada oficial acepté inicialmente y lo seguí. Cuando nos vamos acercando a un auto particular en lamentables condiciones, le pregunto : “ y donde está el taxi? “ “Es éste” me dice. – “ Y cuanto me vas a cobrar?” – le pregunto mostrándole la dirección del hotel, pero sabiendo que el recorrido era sólo de 1500 metros. “ Y hasta ahí… son como…. 25 euros…. Pero te lo podemos dejar en 20” - mientras miraba al otro buscando su complicidad en semejante oferta. “ No, grazie “ fue mi respuesta y me volví a la parada de taxi, dispuesto a esperar con tal de no dejarles salir con la suya a este par de avivados. Cuando llegó un taxi real, aún con el sobrecargo por la hora, me cobró 8 euros por el viaje.

“ Ya casi estoy en Argentina de vuelta”… me dije después de todas las experiencias iniciales …

La recorrida turística de Roma fue muy diferente a mis recorridas en otras ciudades, ya que tuve una guía turística de lujo. La flaca Mariela , argentina viviendo en Roma, y conocida a través de este blog, generosamente ofreció y dedicó una gran parte del fin de semana a hacerme sentir en casa.

Y fue de lujo no necesariamente por el conocimiento histórico asociado a la innumerable cantidad de ruinas romanas que visitamos, sino porque, mucho más importante, me hizo el tour culinario de Roma. Me llevó a todos esos lugares que sólo un romano conoce, en donde comer pizza, helado, capuchino con torta, fiambres y pasta se convierte en una experiencia inigualable.

Mi hotel lo había elegido a pocas cuadras del Coliseo Romano, así que fue necesariamente la primera cosa que fuimos a ver. El sábado bien temprano Mariela pasó a buscarme por el hotel, desayunamos ahí y nos fuimos hacia el Coliseo.

¡¡ Qué magnifica sensación se siente al ver tanta historia enfrente!!. El cine me había hecho imaginar la arena mucho más grande, pero no la había imaginado tan compleja en cuanto a mecanismos para hacer aparecer fieras, hombres y escenografía desde el nivel subterráneo.



Recorrimos ruinas ...



..., residencias de emperadores ...

... y visitamos innumerables monumentos e iglesias...




Mi cámara atenta, como siempre, se regocijó con combinaciones atemporales...


Todo nuestro recorrido siempre estuvo contorneado por mágicas callecitas llenas de bares y restaurantes, con música y artistas, dando un ambiente realmente muy especial.



Tiempo de recorrer otros lugares de Italia no tenía. Pero al menos tuve la fortuna de ver un desfile de muchas comunidades italianas que se concentraron en Roma ese día. No estoy seguro de quien me organizó esto, pero quien haya sido realmente estuvo muy oportuno, aunque no hacía falta tanta molestia.


Y estando en Italia, no podía dejar de pasar por una tienda de Ferrari...


Por supuesto, que entre caminata y caminata, entre desfile y desfile, y entre ruina y ruina fuimos recargando energía de una forma que sólo en Italia se puede hacer. Y Mariela me llevó a conocer todos esos lugares de los que es imposible salir insatisfecho.




Por supuesto que las heladerías fueron paradas obligatorias. Necesitaba comer helado como para satisfacerme por unos cuantos años, hasta que pueda escaparme de Australia de nuevo...


Sin duda, otro punto central del paseo fue la Fontana de Trevi, la cual es impactante, realmente bellísima, tanto de día como de noche.


Y es realmente un deber visitar muchos de los lugares de noche para apreciar los efectos lumínicos. En particular destaco, además de la Fontana de Trevi, el Coliseo y la Basílica de San Pedro.



Mariela convocó a Lucas (Arg), Daniela (Arg) y Ruggero (Ita),que hicieron las veladas muy sociales y agradables. En una de esas oportunidades, en un bodegón fabuloso, después del séptimo plato de pasta diferente, tuve que pedir por favor que frenaran al mozo !!!



No pude verme con Marcela , mi más viejo contacto bloggero en Italia, pero se las arregló para saludarme por teléfono.

Por supuesto otro gran punto de visita fue el Vaticano.




Para seguir la tradición de subir por escaleras a los puntos más altos que encontraba durante este viaje, lo primero que hice fue evitar el ascensor e ir por escalera hasta el tope de la cúpula de su basílica para tener una vista panorámica de Roma.








También me quede mirando por unos minutos un servicio religioso desde la parte interior de la cúpula.

Cuando bajé por las angostas escaleras, no aptas para claustrofóbicos (tenía que avanzar de costado por algunos tramos, ya que era menos ancha que yo), ...
... aparecí en el medio de la iglesia, realmente enorme, en donde cientos de personas se amontonaban sobre las vallas de seguridad para poder acceder a los pocos asientos disponibles frente al altar, a fin de presenciar el principal servicio religioso de este domingo romano, que estaba por comenzar.


Yo quería sacar una foto al altar principal del Vaticano, y ese mar de gente no me dejaba ni siquiera tener un plano lejano. Así que decidí hacer la Gran Figuretti, y caminé hacia un costado para ver si encontraba por algún lateral la forma de acercarme más. Entre las dos últimas gigantescas columnas sobre la izquierda se extendía un corredor que estaba despoblado y se dirigía hacia la parte delantera de la iglesia. Caminé por muchísimos metros hasta que vi un guardia de seguridad sosteniendo una soga a modo de contención al paso desde ese punto en adelante. Sin dejar de caminar cuando me acercaba le hice una seña con un dedo diciéndole que iba a pasar del otro lado. Me dijo algo en italiano que no entendí con la excepción de la palabra “Autorizasione”. Sin dejar de caminar le contesté en Inglés con lo primero que se me ocurrió: “ I am only one”. Lo vi dudar sin saber que hacer, y cuando llegué al punto en el que estaba parado se corrió dejándome pasar. Continué sin reducir el paso y gire detrás de la primera columna que apareció.


Me encontré de repente parado en el medio del coro, que estaba preparándose para entrar en escena, todos vestidos con vivaces túnicas azules. Me enteré que habían venido desde Texas para este acontecimiento. Ahí comprendí por qué el guardia dudó cuando escucho mi inglés. En ese punto lo único que me separaba del altar era uno de los dos enormes órganos que se encuentran a sendos lados del altar. Con cara de disimulado caminé por el corredor detrás del órgano, y páfate !!! me encontré solito frente al altar. Todas las filas de asientos vacías y allá lejos por la mitad de la iglesia, tal vez a unos setenta metros, se veía el mar de gente contendido por personal de seguridad. Me senté en el primer lugar, saqué mi cámara y le disparé al altar sorprendido por mi buena suerte.


Espere ahí, para ver que podía ver del ritual religioso. Cuando los asientos se ocuparon me tuve que correr un par de filas hacia atrás, ya que las primeras estaban reservadas. Filmé un poco el inicio de la ceremonia religiosa.









A los pocos minutos, empezaron todas las lecturas, y toda la audiencia se encontraba inmóvil y en sepulcral silencio, en una atmósfera que me transportó a épocas medievales.


De chico, por esas cosas de las imposiciones culturales y sociales, tuve que soportar demasiadas ceremonias similares con mayúsculo aburrimiento y sin entender cual era verdaderamente el objetivo, pero con real miedo de ser divinamente castigado si dejaba a mi sentido común tomar el control.

De grande, la ceremonia no era más que una curiosidad, y realmente no tenía ningún interés en verla completa, así que me paré y recorrí el larguísimo pasillo central hacia la salida. Como sabía iba a pasar, sentí sobre mí los ojos de todos de los ocupantes de la iglesia, en la que nada se movía (excepto yo). No se si era porque no se suponía que podía levantarme e irme en esa parte, o era porque dejaba abandonada mi valiosa posición a un par de pasos del altar. De cualquier manera, sin demasiado interés en cual sería el motivo, me alejé …

No pude evitar un proceso reflexivo respecto del primitivismo de la espiritualidad humana, después de ver la opulencia y poder desplegado por el Vaticano, en contraste a la total sumisión de las masas a todos esos estímulos de delicada y funcional manufactura .


Otro hito importante de Roma fue la caminata por las márgenes del Tiver






Pero estando en Italia, lo que yo realmente quería era ver a la italiana más famosa.

¿Cómo que cuál es?



No, no es Monica Belucci. Ni Sofía Loren, ni Ornella Mutti, ni la Cicciolina, ni Rafaella Carrá, ni Laura Pausini, ni la Gioconda, ni la flaca Benelli. Esta es mucho más famosa. Tanto que hasta tiene un calle en su honor. Es la famosa “Madona del Orto



Así que me tomé el trabajo de buscar esta calle en Roma, que tiene sólo 100 metros, y de ir a visitarla y tomarle una foto.

El fin de semana terminaba y no sólo conocía Roma, sino que también podía sentirla. Esta ciudad sería la que ganaría en mi preferencia por sobre todas las demás en mi recorrido europeo, como lugar de visita. Para el turista, Roma es mágica.

Pero el domingo a la noche, mientras caminaba con Mary y Dany por una de esas callecitas, apareció la pregunta pertinente: “¿Y qué te parece Roma? ¿No te gustaría vivir acá?”.



Y la verdad es que Roma me encantó para pasear, pero vivir, sobretodo con una familia, es un asunto bien diferente. Viniendo de Argentina probablemente la mejora que se nota al estar en Roma es significante, pero viniendo desde Australia, Roma no es necesariamente un progreso.

Mi selección de fotos de Roma está ( o estará algun día, uff ) acá:


Con algunos nuevos amigos y seguramente más peso del que traje, me preparé para a la mañana siguiente salir rumbo a mi próxima escala: Berlín.


4 Comments:

At 2/25/2009 11:33:00 p. m., Blogger Alexandra Paola dijo...

Q buen recorrido. Y más con una guía amiga :D

 
At 2/26/2009 09:02:00 a. m., Blogger Efra dijo...

Barbaras las fotos! Increible lo q se morfa en Italia, imposible caminar sin tentarse cada 20m.
Un abrazo

 
At 2/26/2009 10:12:00 a. m., Blogger montse moro dijo...

Preciosa Roma, vaya explosión para la retina de ver tantas cosas y tan bonitas.

 
At 2/26/2009 11:25:00 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

Muy bueno!
A este post se le nota el esfuerzo.
Sumerge al lector por completo.

 

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