20 febrero 2010

Navegantes



En el post anterior comentaba que ahora navego sólo, cuando estoy arriba del velero; pero tengo un acompañante nuevo en mis actividades naúticas.

Esta temporada Lucas se sumó al sailing club, y está absolutamente entusiasmado. Hace unos sábados decía en casa: " No puedo dejar de pensar en todo lo que me pasó hoy !", en referencia a todo lo que había hecho y aprendido con los veleros.

En el siguiente video se ve un par de minutos de la preparación de ambos antes de salir al mar. El montaje del velero es lo que se llama técnicamente "rigging".




Va a ser un poco más difícil obtener imagenes de ambos navegando. Patricia, que oficia de camarógrafa, a la hora que nosotros comenzamos a entrar al mar, sale disparada para llevar a Mica y a Flor a sus competencias de tenis, al club que ese día les toque en suerte, en general ambos en puntos distintos de la ciudad. Cuando vuelve, horas después, los hombres ya estamos desarmando los barcos, o esperando en la cantina del club. Pero supongo que alguno de estos días podrá capturar algo de navegación para la cámara....



13 febrero 2010

Solo pero feliz



Las parejas no pueden durar para siempre. Si por supuesto que hay duplas inquebrantables, lazos establecidos para toda la eternidad. Pero ciertamente son excepciones y se llevan camino de extinguirse en la posmodernidad. En este mundo de rampante individualidad mantener el equilibrio necesario es un enorme desafio.

A veces la evolución es necesaria, y cortar un lazo significa abrir la puerta a nuevas experiencias y a otra forma de crecimiento.

¿ Pero... de que corno estoy hablando ?!!

Después de 2 temporadas de navegar con mi amigo Pablo compartiendo un velero categoría "Pacer", en nuestra tercer temporada hemos evolucionado, y ahora ambos navegamos un "Laser" cada uno.

El Laser es un velero de 1 sola vela y con un estilo mucho más aerodinámico. Por supuesto que es mucho más veloz, probablemente el doble o más. También es mucho más inestable, y el adecuado manejo del peso es fundamental. En realidad es como una tabla de windsurf más grande y poderosa. El problema es que sin el peso adecuado es difícil controlarlo. Yo, con mis 110Kgs tengo una ventaja formidable. El Laser está hecho para mí !

Como con el windsurf, no se siente ir dentro de un velero, sino sobre una tabla más grande. No se navega un vehículo, sino que se es uno fundido con el viento.

La otra cosa espectacular es que se navega con el velero totalmente inclinado sobre su arista, y el cuerpo del tripulante totalmente fuera de borda, a veces casi completamente recostado sobre el mar.


No puedo negar que con mi personalidad, me fascina que lo que resulte, malo o bueno, dependa sólo de mi.


Hoy fue un dia gris, bien ventoso, con algunas lloviznas y buen oleaje en la bahía. Fue mi mejor dia como navegante. Cortar el mar a toda velocidad, con el barco totalmente recostado sobre un lateral, el cuerpo en el aire,  los musculos tensos y el alma relajada, sintiendo el viento mojado en la cara, fue una experiencia inexplicable. Por momentos, inaudible para alguien más, me encontré, mar adentro, gritando de alegría .

Ah, si !.... Cómo se llama mi velero? : SOLO.


05 febrero 2010

Truco y Mollejas



Hace un tiempo contaba del super evento deportivo-gourmet que reune a algunos argentinos 1 vez al mes en Melbourne : http://cangurolandia.blogspot.com/2009/09/truco-gourmet-club.html

En la última oportunidad, un periodista del Diario La Nación, que estaba en Melbourne para cubrir el Australian Open, se unió a este no menos prestigioso evento. Y decidió relatar lo que vivió en el diario, hace unos poquitos días: http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1227873

Quien siga el link previo podrá leer esta nota:

Truco y mollejas

MELBOURNE.- Sábado por la noche; grupo de amigos; vasos con fernet o cerveza pasan de mano en mano. La mesa presenta una variedad magnética: aceitunas, queso, jamón crudo. Se habla de fútbol, de caballos, de juegos de naipes, un poco de política. La parrilla irradia un aroma que engrandece el apetito. Los chorizos están a punto; también las mollejas pasadas por limón, pero el vacío aún se ve jugoso. La escena bien podría transcurrir en un rincón de nuestro país; pero sucede a más de 11.000 kilómetros de Buenos Aires, en Melbourne, donde residen 3500 familias de origen criollo; donde las raíces y la nostalgia hacen que una vez por mes una veintena de hombres se reúnan por el simple hecho de sentir la misma filosofía, más allá de que en la mesa haya individualidades opuestas, como quien se instaló en la ciudad hace dos décadas y es empresario, o quien arribó hace sólo meses y aún busca un empleo.

"La mitad llegó entre los años 70 y 80; la otra parte, a fines de los 90 y en la crisis de 2001. Menem echó a unos y el resto, De la Rúa", dice Pablo, un treintañero que lleva cinco años lejos de Floresta y trabaja como consultor de software. Emilio es cordobés; tiene cerca de 50 años; lleva 20 en Melbourne; es rectificador de camiones, y agrega: "Sentimos alivio cuando vemos los piquetes". Acá arribaron solos o con sus esposas; acá formaron una nueva familia. Festejan las navidades y los fines de año juntos.

Quieren a su país. Siempre, un familiar intenta convencerlos de que regresen. Sólo uno o dos se plantearon la posibilidad. Pero se encuentran con las trabas que impulsaron sus alejamientos y dan marcha atrás. "Cuando volvemos y vemos que todo está peor, que hay más robos, menos trabajo, calles sucias, nos alegramos de habernos ido. Es triste. Acá dormimos con la puerta de la casa sin cerrar con llave", confiesa Pablo, catamarqueño, ingeniero agrónomo.

Hallaron facilidades. No bien se consiguen trabajo, según ellos, "se abre todo". El pueblo aussie vive del crédito; pocos concretan operaciones en efectivo. Una vivienda, un auto, la cuota de la universidad, un juego de sillones, una cafetera: todo se adquiere con un crédito. El fútbol los moviliza, claro. Recuerdan que gritaron el agónico gol de Palermo ante Perú, en vivo, cuando en Australia era de mañana. Sergio, cordobés, fanático de Belgrano, despunta el vicio siguiendo al Victory, el club de la ciudad. "Les enseñé a tirar papelitos", dice sonriendo, y se predispone a jugar al truco. "Sin flor; obvio." La noche se derramó en Melbourne. Se acostumbra dormir temprano. Pero la partida de truco no acaba. El mate se comparte. También, el pan dulce. El momento es agradable; nadie advierte diferencias sociales. Así, juntos, el desarraigo es menos doloroso.

Sebastián Torok