La semana que pasó estuve en Sydney. Llegué el domingo a la noche, y me tomé el avión de vuelta el viernes después del mediodia. Fue una semana bien ocupada. Durante tres dias estuve full time dedicado a atender un curso, y el resto de los días tenía algunas cosas que hacer en la oficina de esa ciudad. Lamentablemente los problemas que requerían mi intervención no se detuvieron a esperar que terminara el curso, así que por las noches tenia que continuar trabajando respondiendo decenas de emails. Aún así, con una semana enloquecida, y estando solo, me hice tiempo para hacer una de las cosas que mas me gustan. De hecho lo hice dos veces.
Toda mi vida he disfrutado enormemente que me contaran cuentos. Probablemente esto fue inducido por la dedicacion de mi familia durante mis primeros años de vida.
Uno de mis recuerdos más antiguos datan de cuando tenía alrededor de dos años de edad. Durante las noches mi vieja se sentaba al lado de mi cama y me leía cuentos. La única habitacion de la casa, que oficiaba de dormitorio, se encontraba en penunbras. Mi viejo se levantaba antes de las 4 de la mañana a trabajar, y mi hermana mayor, la que me sigue en la secuencia, era un bebé recien nacido. Ambos dormían, y mi vieja alumbrándose con algo de luz muy tenue me leía cuentos antes de que me durmiera. El gato con botas y Pinocho son los libros que aparecen en mi memoria. Aun veo vividamente la escena y los dibujos sobre los libros.
Otros gratos recuerdos son las historias que me contaba mi abuelo, alrededor del período de los 4 a los 8 años. Cada vez que tenia oportunidad de disfrutar el tiempo con él, mi momento favorito era el del cuento. Cada vez inventaba una historia diferente en donde yo y mis hermanos eramos los protagonistas junto a Capitán, un perro ovejero aleman, ficticio, pero que en la vida del cuento era mi mascota. En las historias mis hermanos y yo junto a Capitán nos veniamos enredados en las más interesantes aventuras: indios, lobos, piratas y ladrones. Afortunadamente Capitán era quien siempre nos salvaba en los momentos de mayor peligro. Todavía conservo, y los tengo conmigo en Australia, algunos de los cuadernos de mis primeros grados de escuela. El dibujo de Capitán, tal como yo lo veía en mi imaginación, aparece en algunos de ellos. Yo repetí de tanto en tanto esta rutina con mis chicos, esta vez incluyendo nuestra mascota real. Y realmente los atrapaba, me rogaban que siguiera y siguiera contándoles.
Cuando ya no tenía quien me contara cuentos, descubrí las historietas primero y los libros después. Todo lo que quería hacer cuando tenia tiempo libre era leer. Aventuras y Ciencia Ficción fueron siempre mis favoritos. Ya de adulto, no había mejor vacación que estar tirado en una playa caribeña, coco helado en mano, leyendo un libro por horas.
Mucha gente sueña con vivir otras vidas y tener otras experiencias lejos de la realidad actual. Yo aprendí a tenerlas desde muy chico. La vívida imaginación y la capacidad de transportarme totalmente a otra realidad fueron sembradas en mi desde muy temprano. Heroes y villanos, bellas princesas y valientes caballeros, extraterrestres y monstruos, la lucha contra la injusticia, la busqueda de los sueños imposibles, el honor sin atajos, la ciencia al límite de lo increible. Todos mundos fascinantes y atrapantes en los que me zambullia apasionadamente.
Hace algunos años, mi capacidad de procesar libros se redujo notablemente. Con tantas obligaciones y tantas cosas que hacer, y con mucho menos paciencia quizás, la capacidad de invertir horas y horas en una historia fue lentamente desapareciendo. Afortunamente existen las historias compactas: el cine.
Como no puede ser de otra manera soy un fanático del cine. No miro televisión, pero miro tantas películas como me es posible. Miro cientos de peliculas al año, mayormente en DVDs. Cada noche de fin de semana que tengo oportunidad miro una o dos. En un fin de semana glorioso puedo mirar 5 o 6 películas.
Como decía al inicio, estando en Sydney, solo, me hice un par de escapas al cine cercano al hotel. La experiencia del cine siempre me pareció fabulosa, y en estos días más aún en IMax, 3D y con sillones Gold Class; pero tiene un gran inconveniente que hace que prefiera mirar las películas en casa: la gente alrededor.
Cuando miro una pelicula, cuando me compenetro en una historia y me trasporto, realmente odio que me extraigan abruptamente de esa historia. Cualquier sonido o molestia visual que se interponga entre la historia y yo arruina totalmente la experiencia. En casa apago todas las luces, me tiro en el sillón, enciendo el tele, me coloco auriculares inalambricos y no hay distracciones. En el cine, las interrupciones a la atmósfera de la historia son en general insoportables. El tipo de algunos asientos al costado que se trajo una mochila llena de comida y se la pasa abriendo latas de gaseosa y paquetes de comida durante toda la pelicula. El de más allá que no para de hacer ruido mientras come pochoclos. El de atrás que rapa la bolsa metálica en busca de restos de papas fritas. Las dos minas de la fila de adelante que comentan todo lo que va pasando. El tipo sentado junto a mi que no para de mover el pie nerviosamente. El que esta justo adelante mio, que aunque no tapa la linea de visión, no deja la cabeza quieta en un lugar. Es insoportable, no lo resisto. ¡¡¡Pueden dejar de moverse y de hacer ruidos !!!!
Afortunadamente me llegó la hora en esta vida de cumplir mi sueño: tener un pequeño cine en casa, totalmente independiente del area familiar de televisión, y con todas las ventajas de los mejores cines actuales, pero sin la desventaja. Una parte de la casa nueva está reservada para eso y será mi proyecto proximamente. Buscaré y compondré el ambiente con elementos de tecnología y de confort para que la experiencia sea inigualable.
Quizás con más elementos que cuando tenia 2 años, pero con el mismo insaciable deseo: que me sigan contanto cuentos...