21 junio 2011

Emigración, contrastes y correcciones. Educación, huevos y gente.

Supongamos el caso de que uno decide cambiar de casa, esperando un balance positivo como consecuencia del cambio.
 
Apenas uno se muda empieza a comparar la nueva con la casa previa: “Uhh, mira que grande el living !!”, “Y tenemos un cuarto más!”, “El patio es hermoso!”, “La cocina es nueva!”, pero “Los placares son chicos “, “El garage tiene un espacio menos”, y “La distribución cocina, comedor y living no es muy funcional”.

Cuando uno se muda de país, ocurre más o menos lo mismo, pero en otra escala. Quien ha seguido mi blog durante algunos años habrá percibido muy claramente este proceso comparativo (más cuando yo no soy una persona moderada que se anda con medias tintas ).

Y así fue que me maravillé con aquellas cosas que encontré en mi nuevo país, que en mi país de origen no existían o no funcionaban. Y critiqué aquellas cosas que percibí como peores en mi nuevo país, que eran muy superiores en el viejo. Y por más de que yo lo exteriorice muy pasional y ácidamente, es un proceso que todo emigrante sin excepción, mas calladamente o mas moderadamente, tiene que atravesar. Y en general lo continúa atravesando por siempre, en tanto se mantenga alguna conexión con los 2 países en cuestión.

Al principio de mi blog llenaba posts hablando de tal o cual comida es mejor allá que acá, y que los trenes esto o lo otro, y los autos, y las mujeres, y la diversidad, y el estilo de la gente, y la religión, y…. una infinidad de cosas. Y en los detalles el tanteador no mostraba una goleada fenomenal. Australia se llevaba a su favor la porción más importante de las cosas, pero Argentina también tenia lo suyo y sumaba puntos.

Con el tiempo, después de que la emoción de los detalles pasó, me moví a un nivel más estratégico de los contrastes. El equivalente en la analógica de la mudanza de casa, sería reflexionar acerca de cuan bueno y seguro es el nuevo barrio, o cual es la distancia a la estación de tren, parques, negocios y escuelas, cual es la potencial revaluación de la nueva propiedad en función de todas las obras que se están haciendo en las cercanías. Es decir pasé a evaluar como las dos naciones funcionan, como visualizan y construyen su futuro, como cuidan a su gente, como se Vive (con vivir con mayúsculas) y sobre que valores las sociedades se sustentan. Desafortunadamente para Argentina, Australia gana por una goleada apabullante en este caso.

Lo que es interesante es que con el tiempo, con más experiencia, con exposición a más de una verdad de la cosas, el criterio que teníamos también se modifica. Si bien creíamos que la distribución cocina, comedor y living no era muy funcional, cuando aprendimos a usar las cosas de otra forma, nos dimos cuenta que la nueva distribución era efectivamente mejor, aunque en nuestra ignorancia no lo veíamos.
Y así es como después de la etapa de los contrates y comparaciones, llega también la etapa de las correcciones.
El fin de semana pasado, mientras desayunábamos con Patri en un restaurant cercano a casa, compartimos una corrección a la que los dos llegamos por caminos totalmente diferentes. La conversación se extendió acompañada de jugo de naranja, skinny latte para ella, mocha para mi, y alguna variación de nuestros  habituales Benedict Eggs para compartir.


El área donde ambos creíamos habernos equivocado con nuestras percepciones iniciales es el de la Educación Primaria.

 
Nuestra decepción al llegar fue la poca rigurosidad  en la escuela primaria. Los chicos tenían una vida escolar muy sencilla, se lo pasaban jugando, haciendo deportes y sin tareas en casa. Cuando comparábamos con Argentina, mientras los chicos allá producían voluminosas carpetas de material, tenían exigentes tareas, y tenían que estudiar casi a diario; aquí los nuestros mayormente jugaban.

Y decía que llegamos a cambiar esa percepción desde ángulos completamente distintos. Ella desde su profesión (psicología) y desde su mayor prioridad (el bienestar y felicidad de sus cachorros). Yo llegué desde mi actividad profesional (estrategia) como consecuencia de una experiencia reciente (mi visita a Argentina ).

Patricia en su lectura de muchos libros respecto de la maduración y educación de los chicos, llegó a un par de libros de Carl Honoré, escritor canadiense que sostiene que el modelo al que estábamos acostumbrados en nuestra vida previa es equivocado. Sostiene que ese modelo le ha secuestrado la infancia a los chicos, y a la larga tiene muchos efectos contraproducentes, incluyendo falta de maduración social. Pone como ejemplo de lo negativo lugares como Japón en donde fuerzan a los chicos a leer desde los 3 años, y como lugares de avanzada algunos que dejan a los chicos sin presión durante las edades tempranas, donde Finlandia está al tope de la lista y de los resultados internacionales. Menciona un caso de estudio como es un estado en Australia ( South Australia ) en donde se prohíbe las asignación de tareas fuera de la escuela. Patricia recordaba como en nuestros primeros años ella iba a hablar con la maestra por la ausencia de tarea, y la maestra le explicaba que la tarea no era necesaria. “No era dejadez, el modelo tenía algún pensamiento detrás!”.

 
Por mi parte, a partir de que llegué a Argentina, después de nutrirme durante el largo viaje de varios libros de periodistas argentinos acerca de la realidad e idiosincrasia argentina (para entrar en tema), estimulado por lo que veía, invertí varias horas pensado como se soluciona el problema de Argentina (si Ud. cree que Argentina no tiene un grave problema, Ud. está leyendo el blog equivocado). Mi reacción natural, mi deformación profesional, es intentar buscar las causas de las cosas que todo lo que creo no está funcionando, e intentar imaginar soluciones a dicho problema.

 
¿Cuál es el causa más básica de la desgracia argentina?. ¿Si yo tuviera que solucionar esto, donde empezaría? La respuesta no tardó en aparecer: Educación. La mayor y más importante iniciativa argentina debería ser educación. Y no educación de conocimiento, realmente importa un comino si uno sabe o no los ríos de memoria, o si se conocen las biografías inventadas de algunos próceres. Con educación me refiero a educación en valores, en don de gente. Si se comienza a educar correctamente, quizás en varias generaciones, el problema se revierta sustancialmente.

Y ahí vi la luz. Me di cuenta que eso es lo que sucede en Australia. Los chicos van a la escuela de gente, no a la de geografía o a la de historia. Y egresan siendo mejor gente que la nuestra, aunque en cierto punto me moleste reconocerlo. En Argentina lo dije claramente: aún después de haberlos castigado bastante, llegué a la conclusión de que la sociedad australiana me está enseñando a ser mejor persona. Y mis hijos también lo hacen, porque los valores vienen de ahí. Se marcan a fuego en la escuela, y se propagan hacia todos lados.

En Argentina, Mica y Flor iban a una escuela privada, con reconocimiento por alto desempeño académico. Lo cierto es que cuando Mica estando en tercer grado, llevó su regalo nuevo de cumpleaños (un reloj que le regalaron un grupo de amigas), y lo dejó en el cajón de su escritorio para ir al recreo, algún compañero se lo robó. La escuela como reacción pasó a prohibir los relojes y a cerrar con llave todas las aulas durante los recreos. Mucho rendimiento, pocos valores. ¿Que se podría esperar del resto de la sociedad, si la cosa ya viene podrida desde la semilla.?

Y ahí comprendí. ¿Qué importa ser un sabelotodo si se tiene deficiencia social? ¿Qué importa memorizar miles de datos inútiles, cuando ese tiempo se puede usar para jugar y madurar correctamente? ¿Qué importa tener cientos de páginas de cuadernos completas, si los valores más básicos no están aprendidos?

Y sobre las migas del rico desayuno, comenté: “Con el tiempo alguna cosas están cerrando más, no?”. “Definitivamente muchas cosas tienen mucho más sentido” – fue su comentario cuando salíamos de la mano rumbo a casa.


10 junio 2011

El primer gran test de la emigración

Las semanas desde mi vuelta desde Latinoamérica, desde Argentina, pasan, pero los borradores de notas para armar algunos posts no disminuyen. Así que continuaré con esa temática por algún tiempo más. Lo que si disminuye es la energía subyacente en la expresión de las ideas. Mi experiencia argentina va quedando de nuevo en un espacio borroso, muy alejado de mi realidad; por lo tanto reinyectar la pasión que sentía cuando allá garabateaba ideas, que aparecían como borbotones imparables, es difícil. Ahora el modo es mucho más sereno, más en línea con mi contexto actual.

Una de las cosas que más me intrigaban de la vuelta familiar a Argentina era cual iba a ser la reacción de cada uno. No la mía, por cierto. La de los demás. Yo estaba bastante seguro de cual iba a ser mi reacción, pero tenia poca idea de la de los demás. Iba a ser el primer gran test de nuestra emigración. ¿Se tambalearian algunas estructuras internas? ¿Se cuestionarian las razones? 

Todos se iban a reencontrar con un país del que no se fueron totalmente convencidos. Yo fui el único que emigró en mente y alma mucho antes de hacerlo físicamente. Patricia no emigró en alma hasta bastante después de su emigración física. Y los chiquitos fueron movidos por sus padres, sin entender demasiado en que se estaban metiendo.

El caso de Patricia es interesante, porque ambos sabemos que fue la motivadora original de la emigración. Pero realmente no se la esperaba. ¿Cómo es eso?

Por allá por el 2002, en una Argentina en crisis, no sólo económica sino en muchas dimensiones más, yo miraba hacia el futuro, y no me gustaba nada. No estaba en ninguna situación de riesgo, pero me sentía defraudado e infeliz con el contexto en que vivía, con el país en el que vivía. 

Mi panorama laboral era estable pero esa situación extrema no presentaba grandes oportunidades de mejora, de progreso, algo que siempre tiene que estar en mi vida para mantenerme motivado. Un viernes a la tarde (nuestro dia de salidas sólos) mientras manejaba el auto por la costanera de Buenos Aires, comenté a Patricia acerca de este futuro laboral chato que tenía a la vista. “¿Y que vas a hacer al respecto?”, fue su pregunta natural. Sin embargo esa pregunta me tomó por sorpresa. No tenía una respuesta. No veía alternativas naturales. “Nada”- fue mi contestación, con un fuerte dejo de resignación. A continuación la vi transformarse como pocas veces la he visto. “Guille, me sorprendés!!!. ¿Cómo que no vas a hacer nada al respecto?. ¡En todos los años que te conozco jamás te dejaste superar por un problema!. ¡Jamás dejaste de buscar una alternativa!. ¡Nunca te vi bajar los brazos!

El sacudón que me dio me impulsó a hacer lo necesario, pero muchísimo más de lo que ella se esperaba, Poco más de 2 años después, Patricia dejaba Argentina atrás, y aterrizaba en un nuevo país que nunca habia pisado antes, y empezaba una nueva vida de la que no se podía imaginar absolutamente nada. Y todo eso no demasiado convencida…

No porque no estuviera racionalmente convencida. Si se usa sólo el cerebro es muy fácil convencerse de un paso emigratorio como ese, aún con los riesgos involucrados. Pero las cuestiones emigratorias nunca son sólo racionales. Lo emocional y algunos componentes de la personalidad hacen el asunto más complicado.

Por cierto que tiene que existir espíritu de aventura, facilidad de adaptación a los cambios, disfrute de los desafíos, y instinto de autosuperación como componentes elementales para afrontar exitosamente una emigración. Todas esas cosas no representaban un problema para ninguno de los dos, pero hay algun par de cosas que suelen ser más complicadas.

Primero es el componente emocional. Si se pone lo emocional primero, si uno depende de una fuerte red afectiva, y necesita de fuertes invisibles lazos para que nos sostengan al avanzar por la vida, resolver la ruptura emigratoria es muy difícil.

Lo  segundo es el componente de introversión y extroversión que todos llevamos dentro (ver test de personalidad Myers Briggs ). Cada uno de nosotros obtiene la energía vital de 1 de dos fuentes: de la interna o de la externa. Viene de nuestro interior o viene de nuestra interacción con gente. Si estamos en el segundo caso, otra vez estamos en problemas para una emigración limpia, ya que tenemos que “cambiar” la fuente de energía, que está afuera.

Yo estoy en la mejor de las situaciones para una emigración, ya que cuando me muevo me llevo todo lo más importante conmigo: mi cerebro y mi fuente de energía interior. Patricia es exactamente lo opuesto a mi en ese sentido. Ella es emocional tanto como yo cerebral, y ella necesita tanto de su exterior como yo de mi interior. Yo soy naturalmente portable. Ella no. 


Me interesaba ver cual iba a ser el efecto del regreso sobre ella. Ella también. Y se puso nerviosa con mucha anticipación al no saber que iba a suceder.

Finalmente, estando allá nada se movió. Disfrutó de amigos y salidas a más no poder, y se llenó de ganas de repetir más seguido, pero ningún remordimiento o nostalgia apareció. En lo cerebral fue tajante. Fue una confirmación rotunda de la decisión tomada, con enorme alegría por el reencuentro.

Mica disfrutó, pero creo que se sintió de vacaciones, en un lugar que no es el de ella. Lucas estuvo definitivamente de vacaciones en un lugar extraño. Y Flor, que es la más argentina, la que nunca “perdonó” la emigración, y la que siempre prometía regresar tan pronto tenga edad para hacerlo, estando allá cambió de opinión. Decidió que mejor va de visita de vez en cuando y vive acá.

Nadie absolutamente cuestionó la emigración. Nadie preguntó las razones. Nadie fantaseo con volver. Fue un viaje de vacaciones como los que hacemos a cualquier otro lugar.

Y ya de este lado de nuevo, todos expresaron su deseo de visitar Argentina más seguido.

Y con el correr de las semanas Argentina se volvió otra vez borroso para todos, y ya desapareció completamente de las conversaciones.